«Tenéis un refrán que dice: por la obra se conoce al artífice. Pues bien, examinad la obra,
y buscad el artífice. El orgullo es el que engendra la incredulidad. El hombre orgulloso no
admite nada superior a si mismo, y por eso se llama espíritu fuerte. ¡Pobre ser, a quien
pudiera anonadar un soplo de Dios!»
Se juzga de la potencia de una inteligencia por sus obras, y no pudiendo ningún ser humano crear lo
que la naturaleza produce, la causa primera ha de ser una inteligencia superior a la humana.
Cualesquiera que sean los prodigios hechos por la humana inteligencia, tiene una causa esta misma
inteligencia, y cuanto más grande sea lo que ella haga. tanto mayor ha de ser su causa primera. Esta
inteligencia es la causa primera de todas las cosas, cualquiera que sea el nombre con que la haya
designado el hombre.
En este punto me parece que no podemos agregar nada a esta respuesta tan clara.

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